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ESTIGMATIZACIÓN – DISCRIMINACIÓN

Ya un poco más de cuarenta años de la epidemia del VIH/Sida en el mundo y los avances tecnológicos en diagnóstico y tratamiento han permitido que las personas que viven con VIH puedan tener la misma esperanza de vida que la población general. No obstante, el estigma relacionado al VIH persiste, en tanto, que su mitigación y eliminación ha sido más tortuosa y difícil. Es así como vamos a darle el poder a la palabra como forma de impactar positivamente en el estigma y favorecer condiciones de igualdad para todas las personas que viven con VIH en el mundo. Sí, las palabras son las que favorecen el estigma y llevan a conductas de discriminación y, al mismo tiempo, son las palabras las que muestran apoyo y no estigmatización (¡Esa es la meta!). 

 

Pero, ¿Por qué no explicamos un poco qué es el estigma y qué es la discriminación? El estigma se define como un atributo que desacredita a alguien, quedando sometido a consecuencias como el aislamiento social y la soledad; en tanto que la discriminación, es cuando ese estigma lleva a la sociedad a cometer acciones (también omisiones) que acaban por dañar y vulnerar a las personas. En pocas palabras, el estigma es “poner la etiqueta” y la discriminación es cualquier acción negativa alrededor de esa etiqueta. 

 

En el lenguaje común habitual, y por desconocimiento, las personas solemos usar términos y expresiones que generan ambientes estigmatizantes sobre el VIH que favorecen la serofobia (miedo irracional que tiene una persona a convivir con otra persona que vive con VIH y que conductualmente parece rabia y no miedo). Ajustar el lenguaje es de las cosas pequeñas pero con gran poder. Todos podemos hablar y comunicarnos asertivamente desde el entorno familiar, afectivo, laboral y social para favorecer condiciones de igualdad. El activismo en pro de eliminar el estigma y la discriminación le pide, por ejemplo, a los medios de comunicación, ceñir el lenguaje con el que transmiten información relacionada al VIH, para que no se perpetúen estas actitudes negativas alrededor.

 

En los últimos meses un medio de comunicación difundió que “una persona se contagió de VIH al inyectarse sangre con sida de otra persona”. En este caso, ¿Puede usted encontrar la o las palabras estigmatizantes? Ahora bien, revisemos: “contagiar” es una palabra que hace pensar que el VIH se puede transmitir por el aire, por el agua, por alimentos, siendo totalmente falso, generando que las personas puedan tenerle miedo a otra persona con el diagnóstico. Por otro lado, VIH y sida son dos entidades diferentes, en tanto el primero hace referencia a la infección por el virus y la segunda a un estadío avanzado de la infección que no puede transmitirse. En las declaraciones de los medios de comunicación es habitual encontrar lenguaje inapropiado con palabras que inducen al estigma y la discriminación relacionado con VIH, pero no por eso hay que normalizarlo y justificarlo. Hay uso constante de términos como “enfermedad” para referirse a “infección”, “contagio” para referirse a “transmisión”, “portador” para hacer alusión a “vive con VIH”, “sida” como sinónimo de “VIH”. Pero recuerde, el problema no es solo de los medios, es de todes y en todos los ámbitos.

 

El impacto del estigma genera que, por miedo al rechazo, al maltrato emocional o físico, las personas deban aislarse, llevando a abandonar sus trabajos, sus amigos,  incluso, a tomar distancia de los servicios médicos. El estigma genera que menos personas se realicen una prueba de VIH cada año o que asistan por su tratamiento al tener miedo de que “alguien conocido los vea”. El estigma y la discriminación empeoran la epidemia del VIH en el mundo, aumenta las brechas y genera inequidades en salud.

 

Todos podemos hacer nuestra parte para detener el problema del estigma relacionado al VIH, al elegir intencional y consideradamente las palabras que usamos cuando hablamos de VIH. La invitación es que escojamos palabras que muestren apoyo, aliento y acompañamiento para las personas que conviven con el virus y también para las personas que están en riesgo de contraerlo. ¡Tú tienes el poder en tus palabras! Recuerda que “puedes acariciar a la gente con palabras”. Todos tenemos el poder en nuestras manos, o mejor, en nuestro lenguaje. 

 

Autoras: 

Eva Rodríguez (Psicóloga).

Natalia Medina (Médica de la US de Medellín).